Edificação do Homem
Los cielos manifiestan la gloria de Dios: su interpretación, en la ciencia o el arte —y ars sine scientia nihil —, no es para halagarnos o meramente «interesarnos», sino «para que podamos seguir las intelecciones y revoluciones del Todo; no siguiendo esas revoluciones que están en nuestras cabezas y que se distorsionaron en nuestro nacimiento, sino corrigiéndolas (exorthounta) con el estudio de las armonías y revoluciones del Todo: de manera que, por una asimilación del conocedor a lo que tiene que ser conocido (to katanooumeno to katanooun exomoiosai)1 , a saber, la Naturaleza arquetipal, y viniendo a ser en esa semejanza2 , podamos alcanzar finalmente una parte en esa “optimidad de vida” que los dioses han asignado a los hombres ahora y en lo venidero»3 .
Esto es lo que en la India se llama una «auto-integración métrica» (candobhir atmanam samskarana), o «edificación de otro hombre» (anyam atmanam), que ha de llevarse a cabo por una imitación (anukaranna) de las formas divinas (daivyani silpani)4 . La referencia final a un bien que ha de realizarse aquí y en lo venidero, nos devuelve otra vez a la «totalidad» del arte, definido en los términos de su aplicación simultánea a las necesidades prácticas y a los significados espirituales, al cumplimiento de las necesidades del cuerpo y del alma juntas, que es característico de las artes de las gentes y de los «pueblos» sin civilizar, pero ajenos a nuestra vida industrial. Pues en esa vida industrial, las artes son ya sea para el uso o ya sea para el placer, pero nunca son espiritualmente significantes y muy raramente inteligibles.
Una aplicación de las artes tal como la que prescribe Platón para su Ciudad de Dios, artes que, como él dice, «cuidarán de los cuerpos y de las almas de sus ciudadanos»5 , sobrevive mientras se emplean formas y símbolos para expresar un significado, mientras «ornamento» significa «equipamiento»6 , y hasta que lo que eran originalmente imitaciones de la realidad de las cosas, y no de su apariencia, devienen (como ya estaban deviniendo rápidamente en el tiempo mismo de Platón) meramente «formas de arte, cada vez más vaciadas de significación en su vía de descenso hasta nosotros»7 —ya no más figuras de pensamiento, sino sólo figuras de lenguaje.
NOTAS